Por Marta Molas, de amantis

¿Sabes que las bolas chinas son en realidad, japonesas? ¿Que para practicar Shibari solo puedes usar cuerdas de fibras naturales? ¿Que la marca Shunga se inspira en los rituales de las geishas? Hoy repasamos todos los juguetes y complementos venidos o inspirados en Japón.

Geishas y Samuráis: ¡en guardia para el placer!

Japón es un referente en muchos sentidos: cultural, gastronómico y sí, también sexual. Y a veces no se le reconoce como debiéremos: si decimos «bolas chinas», muchxs sabremos que hablamos de esas 2 bolas unidas, que repican por dentro, y que sirven para fortalecer el suelo pélvico. Pero la mayoría desconoceréis que su origen no es chino sino japonés. Fueron inventadas para un emperador con muchas concubinas y poco tiempo para juegos preliminares. Otras fuentes argumentan que las mujeres japonesas las inventaron para fortalecer y tener elástica y a punto su vagina para cuando volvieran sus parejas de la guerra. Aunque de origen incierto, está claro que las bolitas en cuestión han cumplido y cumplen su función por muchos años: tener un suelo pélvico sano, fuerte y dispuesto al placer para emperadores, guerreros o cualquier personita que se atreva adentrarse en las cavidades vaginales.

Si seguimos con la antigua historia japonesa, no podemos olvidarnos de las musas masculinas: los samuráis. Más allá de las hormonas valientes y guerreras de estos mitos japoneses que ponen a más de unx, los samuráis dejaron para la historia una técnica de tortura sutil y codificada llamada Shibari. Esta solo podía ser ejecutada y enseñada por un guerrero japonés. La tortura consistía en atar por etapas, y con una considerable atención a los tiempos, el tronco, las nalgas, el vientre y el cuerpo en su conjunto, por este orden. Con el paso de los años lo que fue dolor es hoy un gran placer para los amantes del BDSM, la estética o lo oriental. El Shibari (o Kinbaku si queremos ser más precisos y hablar de la acción de atar) pasa por interpretar el rol de atador y atado; componer pausadamente nudos estéticos; sumar suspensiones o fotografiar el resultado… Placeres compartidos entre dos que hacen de la simple acción de atar, todo un ritual erótico. Para ello, ¡ojo! No servirá cualquier cuerda tradicional de bondage, sino que necesitaréis cuerdas de fibras naturales como el yute. Otro tipo de cuerda podría darse o molestar, y generar asfixia o heridas. Y recomendación top: nada de empezar sesiones de Shibari a solas y sin documentarse: para empezar, empaparos de vídeos de Youtube de grandes maestros japoneses, comprad libros como Des-atadas o asistid a algún taller de maestros en España, como los de Alberto NoShibari o Josep Lapidario.

Tener o no tener… ¿Tenga o Shunga?

Pero dejemos el antiguo Japón y lleguemos a la actualidad. Los japoneses, con marcas como Tenga o Iroha, se han hecho los reyes de los juguetes eróticos de alta calidad destinados al onanismo. Tenga dispone de una amplia gama de masturbadores masculinos, suaves, de diseño y a precios asequibles para hacer que las artes masturbatorias sean más placenteras si cabe. Mientras, Iroha, la marca femenina de Tenga, despunta como la reina de los vibradores para mujeres: no encontraréis en el mercado falo vibrante más suave y sedoso que los suyos: en especial quedaros con las gammas Mikazuki, Minamo o iroha+.

Y no hace falta ser del Japón para liarla a la japonesa: la marca Shunga creada el 2000 llegó para arrasar con su cosmética erótica envuelta del misterio y el placer de los grabados Shunga: encontraréis aceites de masaje, lubricantes, geles de baño y cremas potenciadoras. Estas últimas quizás son las más interesantes. Su crema Dragón aún no ha encontrado competidor: un gel que permite placer a hombre y mujer a la vez. A ella le da calor y le potencia la sensación orgásmica; él siente frío, excitación y le retada la eyaculación. Gotas de placer concentrado.

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